Para ustedes, que predican búsqueda y practican abandono

Queridos hermanos en la fe:

Fui parte de ustedes. Lloré con ustedes. Me quebré en el altar, hice dramas navideños, repartí folletos, soporté vigilias interminables y hasta dirigí coros desafinados.

Pero bastó un tropiezo, una duda, un cambio de dirección, y me convertí en una nota al pie del boletín dominical. O peor: en un tema delicado que es mejor no tocar.

¿Dónde quedó aquello de “ir tras la oveja perdida”? ¿Acaso solo aplica para drogadictos, prostitutas o ateos militantes? Porque cuando uno de ustedes se aleja… no hay búsqueda, no hay abrazo, no hay redención.

Solo silencio.

Es curioso: mientras evangelizan a desconocidos en las plazas, ignoran a los que un día oraron a su lado.

Mientras predican amor, ejecutan juicio.

Mientras hablan de “comunidad”, practican el abandono.

Yo no me fui del Evangelio. Me fui de su parodia.

De ese teatro donde Jesús busca, pero sus representantes están cómodos en la banca VIP del templo.

Yo no me perdí. Ustedes me soltaron.

No escribo esto con rencor. Lo escribo para los que, como yo, aún creen en el mensaje… pero ya no confían en los mensajeros.

No es que te fuiste de la fe.

Es que ellos dejaron de practicarla 

Ustedes solo predican.



Firmado:

La oveja que se salió del rebaño…

y encontró pasto verde fuera del corral.

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